‘Me pegaba yo sola’

EVLYN CERVANTES SILVA/verónica gasca
NOTA PUBLICADA: 9/20/2010

Sofía recuerda bien a Gabi, aquella tía que siempre la escuchó y le regaló a “Chato”, un perro de peluche, el único amigo con el que se desahoga. Por cuestiones de trabajo ni siquiera sus papás se enteraron del cuadro depresivo que manifestó desde la infancia, hasta hace un año, cuando se armó de valor y les dijo “Siento algo bien feo aquí en el pecho”, al mismo tiempo que puso al descubierto las cicatrices en sus manos, esas que siempre cubrió con playeras de manga larga para que nadie las notara.

A ella no le gustan las escuelas. Con esfuerzos terminó la secundaria, está convencida que la única época en que fue feliz, fue antes de entrar al preescolar, en esa edad donde la soledad no pesaba. Los años en la escuela, sólo fueron un acumulado de humillaciones que nadie supo, sólo “Chato”.

“Es que sí era un fenómeno porque no hablaba como ellos, no decía bien las cosas, luego en la primaria también me hicieron muchas burlas por eso nadie se juntaba conmigo y en la secundaria más burlas”, asegura.

Lo peor llegó después, cuando murió Gabi. La tía que la enseñó a rezar para que los niños ya no se rieran de ella. A Sofía se le acentuó la soledad y fue en el tiempo en que acumuló el mayor número de cicatrices en las manos.

pDepresión infantil

Ana Bertha Meza, psiquiatra de niños y adolescentes y miembro del Colegio de Psiquiatras en León, explicó que antes de 1975 ni siquiera se reconocía la depresión en niños ni adolescente.

Un adolescente en depresión, asegura, “ve la vida en grises”, porque enfrenta un trastorno cerebral determinado por factores como la genética, el entorno, el estado de salud, los acontecimientos en la vida y ciertos patrones hereditarios que hacen a algunas personas más propensas a la depresión.

Desde hace un año, Sofía acude dos veces por semana a terapia. En un principio se resistía porque “pensaba que los psicólogos se llevaban a la gente al manicomio”, pero al final aceptó porque desde la edad escolar, lo que más quería era platicar a alguien.

“Es que yo no quería, me daba miedo, como siempre estoy en la casa me pegaba yo sola porque no tenía con quién platicar todo esto, y por eso acepté ir, ella desde un principio me dijo que a nadie le iba a decir lo que platicamos”, comentó.

Los especialistas estiman que actualmente la depresión alta se manifiesta en México entre el 2 y el 5% de la población entre los jóvenes de 10 a 18 años, con manifestaciones de irritabilidad, insomnio, agitaciones, sentimientos de culpa, aislamientos, por citar algunos.

Aunque otras estadísticas del sector salud evidencian que siete de cada diez niños o adolescentes padecen un grado de depresión, que en la mayoría de los casos, no ha sido diagnosticado.

Fidel Mena, presidente del Colegio de Pediatras, coincide con la especialista en psiquiatría y asegura que frases como: “No sirvo para nada”, “Nadie me quiere”, “A nadie le intereso”, “Yo no sé a qué vine” o “Nadie se quiere juntar conmigo”, son expresiones de alerta para que los padres de familia identifiquen un cuadro depresivo que pueda ser tratado.

Una de las preocupaciones más latentes de Ana Bertha Meza en la salud mental de niños y adolescentes, es la falta de educación médica para tratar la depresión como un trastorno que causa disfuncionalidad.

“Cuántas veces escuchamos decir: ‘Ah, déjala es que está depre, mañana se le quita’. Eso no es estar depre, son estados emocionales reactivos que todos tenemos, la depresión se presenta como disfuncionalidad académica o laboral”.

Después de muchos años de criarse sola en casa, con la televisión o la música como únicos compañeros y a un año de terapia, Sofía todavía se siente presa de la depresión, pero las autolesiones desaparecieron porque está decidida: “Voy a poner un negocio de discos o de películas, yo tengo ganas de ser otra vez feliz”.

FUENTE: Periódico a.m (Mexico) http://www.am.com.mx

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