El suicidio continúa siendo un tema tabú en Costa Rica. Para salir de ese estancamiento se requiere una política nacional e iniciar de inmediato una campaña educativa dirigida a toda la población, a fin de que se aprenda a detectar el problema y a hacer conciencia del compromiso con la vida.

Constantemente se apunta a los padres para que detecten si sus hijos intentan suicidarse o que los profesores “vigilen” a los estudiantes. Si no hay un enfoque integral a la problemática, no se  capacite los diferentes actores y  no se realice una campaña educativa, sería casi imposible que el índice de casos de autodestrucción baje significativamente. En el primer semestre de 2011, se han suicidado 21 colegiales en Costa Rica.

Este flagelo va en aumento en el mundo, pero ha sido sobrestimado. Es un problema multifactorial, y como tal su abordaje debe ser integral; es decir, los enfoques deben ser biológicos, medioambientales, psicológicos, espirituales y sociológicos. Es imprescindible que se empiece por eliminar la estigmatización. A la vez, se capacite a los profesionales de diferentes áreas, incluyendo a los periodistas, quienes a su vez coadyuvarán en la enseñanza-aprendizaje de la población en general y especial de los jóvenes.

La cadena no debe tener ninguna fisura. No basta con formar a los docentes, sociólogos, comunicadores, médicos…, hay que reforzar la atención especializada en los centros hospitalarios, disponer de los recursos necesarios y bajar los niveles de tensión (violencia) en las instituciones educativas.

Si bien es cierto el problema se debe atacar por todos los flancos, es indiscutible que la educación juega un papel trascendental. La educación no debe limitarse a transmitir conocimiento, sino a preparar a las persona holísticamente. De ahí la importancia de la enseñanza-aprendizaje de la inteligencia emocional, la autoceptación y la inteligencia social, por ejemplo.

En Costa Rica se lanzan fuertes campañas para la prevención del cáncer, de la drogadicción y de los accidentes de tránsito. No menos grave es el problema de la autolesión; sin embargo, no existe una política nacional, mientras que los medios de comunicación no dan un tratamiento responsable al tema y, más bien, refuerzan esa conducta.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que los estudiantes suicidas le dan a la gente que los rodea suficientes avisos y margen para intervenir. Entonces, ¿qué estamos esperando?

En el  trabajo de prevención del suicidio, los docentes y el equipo institucional enfrentan un  desafío de gran importancia estratégica, en la cual es fundamental:

  • Identificar estudiantes con trastornos de personalidad y ofrecerles apoyo psicológico.
  • Forjar lazos cercanos con los jóvenes hablándoles y tratando de entender y ayudar.
  • Aliviar la aflicción mental.
  • Ser observador y estar entrenado en el reconocimiento temprano de la comunicación suicida, ya sea a través de afirmaciones verbales y/o cambios comportamentales.
  • Ayudar con sus trabajos a estudiantes menos diestros.
  • Observar las faltas injustificadas.
  • Desestigmatizar la enfermedad mental y ayudar a eliminar el abuso de alcohol y drogas.
  • Remitir a los estudiantes para un tratamiento de trastornos psiquiátricos y abuso de alcohol y drogas.
  • Restringir el acceso a los estudiantes a los medios aptos para el suicidio (drogas tóxicas o letales, pesticidas, armas de fuegos y otras armas, etc.).
  • Proporcionar a los docentes y otros miembros del equipo que trabajan en la institución acceso inmediato a los medios para aliviar su estrés en el trabajo.

Se colige de este resumen de recomendaciones de la OMS que nuestro país está en pañales en la prevención del suicidio en los colegiales y en la población en general.
Aunado a la prevención de la autolesión, es urgente combatir el bullying o acoso escolar. Las buenas relaciones con los compañeros y los profesores es un factor importante de protección.

 

FUENTE: ticovision.com (San Josñe, Costa Rica) Por Isabel Umaña, Periodista a 24/8/2011

Ultima actualizacion: 26 Agosto, 2011 a las 13:01