La sicóloga Andrea Oksenberg va más allá y asegura: “La no expresión de la rabia suele traducirse en conductas de autoagresión, en trastornos depresivos y diversas somatizaciones (…) También estas personas pueden establecer relaciones de abuso, ya que su necesidad de ser valoradas y queridas las puede  llevar a aceptar situaciones que transgreden sus propios límites”

En la superficie son las mujeres perfectas. Buenas madres, hijas, parejas, hermanas, amigas y empleadas. Están dispuestas a asumir las responsabilidades de las que nadie quiere hacerse cargo, son el mejor paño de lágrimas y siempre se puede contar con ellas cuando hay un problema. Pero si toda esa buena voluntad y amabilidad viene acompañada de rabia y estrés, significa que pueden estar en la antesala de una condición conocida como sobreadaptación.

Más de un año se demoró en terminar. Aunque ya tenía la decisión tomada le costó mucho poner fin a su largo pololeo con un hombre 10 años mayor. Constanza (nombre ficticio), diseñadora de 35 años, conoció a su ex cuando ella estaba en el colegio y recién se separó a punto de terminar su carrera. “Fueron muchos años, y como comenzamos cuando yo era muy chica siento que durante ese tiempo moldeó mi personalidad a su manera”, recuerda. Las decisiones las tomaba él y ella siempre lo acompañaba con una sonrisa complaciente. Aunque no se sentía dominada, sí se esforzaba al máximo por agradarlo y nunca generar un conflicto. “Parecíamos la pareja perfecta, nunca una discusión”. Pero cuando entró a la universidad esa relación ideal comenzó a fracturarse. “Comencé a tener más opinión, pero como en nuestra dinámica de pareja yo era siempre ‘sí, mi amor’, muchas veces me las guardaba y eso  me fue generando rabia”, asegura. El amor se fue acabando, pero la relación continuaba. “¿Cómo le decía que quería terminar? Me imaginaba todo lo que le dolería y no quería hacerlo sentir mal, por eso aguanté tanto. Seguía tratando de complacerlo cuando, por dentro, me sentía pésimo”.

Constanza es un buen ejemplo del nice girl syndrome (síndrome de la chica buena), una condición que la sicóloga estadounidense Lois P. Frankel bautizó, en 2004, en su libro Nice Girls Don’t Get the Corner Office (Las chicas buenas no consiguen la oficina de la esquina). En la publicación, que fue un éxito editorial en Estados Unidos, la autora aseguraba que las mujeres que tienden a ser complacientes, siempre correctas y reticentes a enfrentar los conflictos, generalmente no reciben el reconocimiento profesional que desean y por eso nunca serían dueñas de la oficina más grande. Cuatro años después la también sicóloga Beverly Engel oficializó el término en su libro Nice Girl Syndrome (El síndrome de la chica buena), ofreciendo una visión más general sobre el tema. Para ella estas ‘chicas buenas’ no solo sufrían las consecuencias de su condición en el trabajo sino también afectaba sus relaciones familiares y de pareja. En su libro asegura: “Están convencidas de que la sociedad recompensa a las mujeres si son buenas, pero no se dan cuenta de que van perdiendo sus capacidades y autenticidad”.

El siquiatra de la Clínica Alemana Guillermo Gabler explica que este fenómeno se conoce como sobreadaptación. “Es gente que tiene el deber por sobre el disfrutar y una seria dificultad para tolerar conflictos. Esta condición no tiene distinción de género y se puede dar tanto en hombres como en mujeres. Es una característica de la personalidad que los acompaña para toda la vida, nadie se pone sobreadaptado de un día para otro. Su aparición es multifactorial y contribuyen tanto la genética como el ambiente”.

La sicóloga Andrea Oksenberg concuerda en que esta condición se relaciona con términos como el ‘falso self’ o sobreadaptación. “No sabría si considerarlo un síndrome, pero sí un rasgo de personalidad. Lo que caracteriza a estas personas es su necesidad de ser aceptadas, queridas y valoradas, junto con la creencia de que esto solo será posible siendo buena(o) y complaciente con los deseos de los demás. Adicionalmente, los sentimientos que no calzan con lo que creen que se espera de ellos son frecuentemente negados, reprimidos o disociados”, asegura.

La especialista también reconoce que es más frecuente encontrar esta sobreadaptación en mujeres, ya que culturalmente siempre se ha castigado más la expresión de la agresividad en ellas mientras que se valora  en los hombres. “Creo que más que el temor a ser catalogadas de una determinada manera, en el fondo hay un temor al rechazo y al abandono. Sienten que sus relaciones son muy frágiles y que solo se van a conservar si es que son siempre buenas. Es como si inconscientemente (o a veces conscientemente) pensaran:  ‘Si eres buena conmigo y haces todo lo que quiero o necesito, te voy a querer. Pero si eres pesada o no me complaces, te voy a dejar de querer y te voy a abandonar'”.

BUENAS DESDE LA CUNA
Se acordó de Tita, la protagonista de la novela mexicana Como Agua para Chocolate (1989). Se imaginó igual a ella, sola, sin una pareja, y dedicada a cuidar de su madre y resolver los asuntos familiares. Es que había sido así toda su vida. Aunque es la menor de cuatro hermanos, Francisca (35, empresaria) siempre fue la  hija más responsable, la que nunca dio un problema, la que mediaba en los conflictos y cuando sus padres se separaron, después de 30 años de matrimonio, fue ella la que tuvo que contener al resto. “Después de que mis papás se separaron me di cuenta de que necesitaba hacer un cambio. Pero no fue fácil, tuve que tomar medidas radicales y alejarme de todo y de todos”, recuerda. Su solución: irse a vivir fuera de Chile. Ahí, y recién después de un año, logró conectarse con ella misma.

Los especialistas aseguran que las ‘nice girls’, al igual que Francisca, construyen esta personalidad en su niñez. “Es probable que en sus primeras relaciones se les transmitió la idea de que se las aceptaba y quería cuando ‘se portaban bien’, pero que si expresaban otro tipo de sentimientos (rabia, rechazo, etc.) serían castigadas o podrían perder el amor y/o valoración de sus seres queridos. Existen familias en las que se castiga la expresión de la agresividad, así como también hay culturas en las que se inhibe más esta expresión”, concluye Andrea Oksenberg.  Según el doctor Guillermo Gabler, “ellas son las niñas que en general no dan ningún problema, perfectas en el colegio y la casa. Se puede estar cayendo el mundo y ellas siempre están ahí, cumpliendo. Y eso las acompaña en la vida adulta”.

A PUNTO DE EXPLOTAR
María Isabel (nombre ficticio) tiene 27 años y es abogada. En su trabajo ella es la ‘niña símbolo’ de la responsabilidad y el perfeccionismo. Aunque tenga su escritorio lleno de tareas pendientes, si uno de sus compañeros le pide ayuda o le delega un ‘cacho’, ella lo acepta feliz. Eso en apariencia, porque llegando a su casa la rabia la consume y generalmente la descarga con sus más cercanos. “Soy una persona que asume las responsabilidades que nadie quiere asumir. Ante situaciones incómodas prefiero pasar piola, sobre todo si no estoy con gente de mi confianza. Siempre trato de complacer a los demás (…) Sé que es algo que tengo que trabajar porque no quiero pasar por alguien con falta de carácter”, cuenta.

Esa rabia que María Isabel se lleva a su casa aún no le trae consecuencias, solo esporádicos dolores de cabeza. Pero el siquiatra Guillermo Gabler pronostica que, a la larga, “se pueden generar patologías sicosomáticas. Este tipo de personalidades tiende a generar muchos cuadros de colon irritable y cefaleas”. La sicóloga Andrea Oksenberg va más allá y asegura: “La no expresión de la rabia suele traducirse en conductas de autoagresión, en trastornos depresivos y diversas somatizaciones (…) También estas personas pueden establecer relaciones de abuso, ya que su necesidad de ser valoradas y queridas las puede  llevar a aceptar situaciones que transgreden sus propios límites”.

Las claves para el equilibrio


La sicóloga estadounidense Lois P. Frankel reconoce en su libro Nice Girls Just Don’t Get  It (Las chicas buenas simplemente no lo entienden), cinco claves para superar esta condición y abrir el camino a las metas deseadas:1. Saber lo que quiere
2. Creer que lo merece
3. Comunicarlo al instante y sin rodeos
4. Siempre estar preparada para dar una respuesta frente a una pregunta incómoda
5. Ponerse (dentro de lo razonable) siempre primero

FUENTE: http://mujer.latercera.com por Josefina Strahovsky a 18/03/2012

Ultima actualizacion: 7 Abril, 2012 a las 11:35