COLOMBIA. La autoagresión con cortes en la piel, quemaduras con cigarrillo e infligir heridas a las cicatrices para impedir que sanen es un fenómeno que, según psicólogos y psiquiatras, ha venido creciendo entre jóvenes y adolescentes.

De acuerdo con Sandra Herrera, máster en psicología de la Universidad de Salamanca, hay una marcada tendencia del cuting (cortase las muñecas), al punto que muchos llegan a exhibir sus autolesiones en las redes sociales.

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Si bien Cielo Latini, la escritora argentina autora del ‘best seller’ Abzurdah, ilustra el vínculo entre la autoflagelación y el trastorno alimentario, el psiquiatra Rodrigo Córdoba manifiesta que este trastorno está bien definido desde el punto de vista psicopatológico y se conoce como síndrome de automutilación (SAM).

Córdoba asegura que este síndrome tiende a incrementarse en los momentos en que quienes lo padecen elevan sus angustias o situaciones de estrés, hasta el punto en que pueden cronificarse y quedar como una práctica secreta.

El psiquiatra es enfático en decir que muchos pacientes que realizan este tipo de prácticas tienen baja tolerancia a la frustración, problemas para controlar sus impulsos, baja autoestima y malas relaciones familiares y académicas.

Almudena García Peláez, psicóloga clínica y máster en terapia de conducta del Colegio de Psicólogos de Madrid, en España, manifiesta que raramente esta conducta tiene como objeto el suicidio y que suele aparecer junto a enfermedades más severas, y que en un 70 y 80 por ciento de los casos puede encontrarse un trastorno límite de la personalidad.

De acuerdo con la especialista, las autolesiones también están relacionadas con experiencias traumáticas en la infancia o las llamadas crisis de identidad en la adolescencia, ansiedad, impulsividad o de ira.

Concretamente, la nueva asociación del cuting y otras formas de autolaceración con los trastornos alimentarios ha generado una alarma que, concretamente en España, ha sido difundida por la Asociación Contra la Bulimia y la Anorexia, al punto que incluyen esta tendencia como otra manifestación de la sadorexia.

Herrera, por su parte, insiste en que si bien dejar de comer es ya una manera de autolesionarse, los mensajes expandidos que recomiendan hacerse heridas para paliar el hambre deben tomarse en serio, porque hasta hace poco tiempo era una práctica aislada.

En ese sentido, Martha Voltas, psicóloga directora de la Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia de España, manifiesta que es fácil que estas conductas de riesgo en adolescentes se justifiquen públicamente y que otras personas decidan probarlo si tienen mucha preocupación por su cuerpo.

Las redes sociales, según Voltas, “son el factor más peligroso en el campo de los trastornos alimentarios, porque estos mensajes resultan rápidamente contagiosos”.

Pero la autolaceración va más allá de los trastornos alimentarios. García Peláez advierte que esta conducta también se da en personas con pocas habilidades sociales, autoconceptos frágiles que requieren de constante aprobación y muestras permanentes de afecto por parte de su entorno: “Son personas que evidencian una falta de madurez emocional”, dice.

En consecuencia, señala Córdoba, a estas personas se les dificulta identificar sus propios estados emocionales y, en tal sentido, no pueden canalizar la expresión de las mismas, especialmente los sentimientos de rabia y de frustración, a lo que le dan salida simplemente autoagrediéndose.

Aunque la mayoría de los casos de autolaceración son patológicos (enfermedades) existen situaciones relacionadas con rituales, prácticas sexuales, adornos del cuerpo o por pertenecer a un grupo, que no son lo común.

Desde los 12 años

  • Autoagresión
  • Edad de inicio: 12 años
  • Se presenta predominantemente en la adolescencia.
  • Seis o siete de cada diez son mujeres.
  • En Estados Unidos la prevalencia es 75 por cada 100.000 personas.
  • Se ha encontrado que en el 65 por ciento de quienes se autoagreden hay síntomas depresivos.
  • Solo dos de cada 10 personas admiten que su intención real era morir.
  • Es más frecuente en jóvenes con bajos niveles de inteligencia emocional.

Fuente: British Journal of Clinical Psicology (2009).

¿Qué hacer?

La autoagresión siempre requiere intervención especializada. Rodrigo Córdoba explica que lo importante es encontrar la causa y manejarla, especialmente en los casos donde hay depresión o ansiedad.

También hay que actuar sobre factores detonantes, como asuntos familiares, académicos o sociales, generalmente de manera interdisciplinaria.

Se requieren tratamientos con medicamentos, psicoterapia individual o grupal, orientación al entorno y en los espacios escolares o laborales.

El pronóstico, de acuerdo con los especialistas, si se interviene de manera adecuada, es favorable en la mayoría de los casos.

Otras patologías

La autoagresión se asocia con diferentes patologías:

  • Esquizofrenia
  • Trastornos de personalidad
  • Ansiedad
  • Estrés postraumático
  • Trastornos alimentarios
  • Trastornos del control de impulsos

Señales de alerta

Los especialistas recomiendan descartar que detrás de un caso de autoagresión haya:

  • Abuso físico o sexual
  • Matoneo
  • Bajo rendimiento académico
  • Familias disfuncionales
  • Pérdida de un ser querido
  • Baja autoestima
  • Choques culturales, étnicos o religiosos

FUENTE: eltiempo.com a 31/05/2015