Los profesionales en Orientación que trabajamos en las escuelas y colegios de nuestro país tenemos el privilegio de compartir día a día con los estudiantes quienes nos cuentan sus vivencias, inquietudes, conflictos. Con gran preocupación, percibimos un aumento en los casos de autoagresión que nos llegan; niños y adolescentes desbordados emocionalmente que además de enfrentar las demandas propias de su etapa del desarrollo, cargan con problemas familiares, escolares o personales que los llevan a utilizar su cuerpo como desahogo de su dolor.

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Por esto, señor padre, señora madre, esté atento con su hijo o hija, para detectar si se está cortando los brazos, quemando sus piernas o arrancando los mechones de cabello, solo para citar algunos ejemplos.

Joven, busque acompañamiento emocional que le ayude a enfrentar situaciones propias de su etapa evolutiva, acérquese al orientador u orientadora del colegio y pídale ayuda.

La autoagresión es una respuesta ante la sobrecarga emocional, un medio de alivio frente a una situación desbordante, una respuesta ante una baja tolerancia a la frustración o falta de un sentido para su vida, lo que hace que cualquier situación sea deprimente, desde una mala nota hasta terminar con el novio o la novia. Muchos casos se agravan porque no hay comunicación con los padres.

Algunos muchachos y muchachas lo hacen por placer, otros porque reemplazan un dolor emocional que no pueden controlar con uno físico, otros también lo hacen por seguir la moda o identificarse con el grupo, pero incluso estos casos requieren atención, pues es importante saber qué hay en el fondo que lleva a esa persona a imitar conductas que generan daño.

Para las personas que sufren este problema, la sangre adquiere un especial significado, y se utiliza el cuerpo como texto. Existen diferentes formas de autoagresión que van desde cortar, quemar, rascar, hurgar, introducir objetos, golpear, jalarse el pelo, impedir que las heridas sanen, arrancarse la piel o la uñas, tragar objetos extraños y consumir drogas, hasta realizar extremos como fracturarse huesos. Todos presentan la paradoja de curar las heridas con el dolor. Los lugares del cuerpo utilizados en orden de frecuencia son: brazos, muñecas, piernas, pecho, estómago, cara, cabeza y genitales, generalmente, es algo que se oculta.

Por eso, debe prestarse atención si un joven permanece muy callado, tiene cambios abruptos en el comportamiento, baja el rendimiento escolar, se aísla, se ve triste y no se quita su suéter pese al calor, para ocultar las heridas de sus brazos.

Elementos como las relaciones interpersonales inadecuadas, situaciones normales que requieran adaptación como un nuevo hermano, duelo o un divorcio o alteraciones en la salud como enfermedades crónicas y hasta el acné, conflictos familiares, estrés excesivo, entre otros, pueden ser desencadenantes de este complejo fenómeno, que debe enfrentarse en el momento que se presenta, sin eludir ni postergar.

Los padres de familia, educadores y profesionales de ayuda debemos ser cuidadosos con el abordaje del tema y evitar simplificar algo que en realidad es muy serio. Ante un caso de autoagresión se debe mantener la calma, buscar ayuda profesional, entender que estamos ante una persona herida emocionalmente, no recriminar o regañar, ni esperar explicaciones; hay que demostrarle afecto, disposición para escuchar y sobre todo amor.

FUENTE: Por Luis Emilio Paniagua Calvo* para diarioextra.com a 01/08/2015
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Ultima actualizacion: 22 Agosto, 2015 a las 12:59