niña-triste“Descubrí que mi hija se cortaba con las cuchillitas del sacapunta, cuando mi bebé de un año encontró una de ellas tirada y casi se la traga. Ella llegó a romper un caracol para lesionarse”, cuenta la mamá de una chica de 14 años de Godoy Cruz, que luego de acudir a psicólogos y psiquiatras supo que lo que hacía su hija es una tendencia entre adolescentes llamada cutting (cortes). Los especialistas aseguran que –sobre todo los adolescentes– se provocan cortes en el cuerpo para aliviar dolores emocionales. En Guaymallén, existe la única Unidad de Internación en Crisis (UIC) de la provincia y allí llegan por mes unos 60 chicos, de los cuales el 80% se autolesiona. Esta tendencia va en aumento.

Un capítulo de la telenovela mexicana La Rosa de Guadalupe fue la puerta de ingreso para que la joven conociera el cutting. En la pantalla, vio cómo una adolescente que sufría bullying en su escuela se lesionaba en clases utilizando el filo de su compás y quiso saber qué sensación le podría provocar eso.

“Ella es una nena de mamá y tiene una vida tranquila, pero evidentemente había sido víctima de bullying en el colegio y empezó con esto en sexto grado. Yo lo descubrí en primer año de la secundaria cuando la llevé a una ginecóloga y ella me dijo que mi hija podría estar autolesionándose. Al principio, lo negué, pero después le vi los brazos todos cortados y pedí ayuda. Descubrí que hasta hay comunidades en las redes sociales, que se hacen fotos y se las envían”, cuenta Carolina (34), la madre de la chica y quien desde ese momento comenzó un largo peregrinar para tratar a su hija.

Al principio, aterrada, acudió a psicólogos, psiquiatras y hasta llegó a un centro de salud mental infanto-juvenil para pedir asistencia; pero mientras buscaba tratamientos, su hija atravesó lo que para ella fue detonante: su padre –separado de su madre hace años– le negó la autorización para que saliera del país y viajara a Disney como regalo de su cumpleaños de 15. “Ahí se provocó lesiones más profundas y me di cuenta de que estaba llena de odio, porque se quería cortar y yo no la dejaba, y eso le provocaba como una adicción. Ahí entendí que necesitaba internación”, admitió Carolina.

Se puede pedir ayuda al 911

“Nos ingresan continuamente llamadas de padres y de docentes que han detectado estas conductas y buscan que alguien los oriente. Esa es nuestra tarea, ser de enlace entre ellos y los especialistas. También damos charlas”, contó el psicólogo Pedro Piemontesi, coordinador del Servicio de Asistencia Telefónica en Crisis (SATEC) que funciona a través del 911.

A ese servicio que atiende de lunes a domingo de 10 a 22, ingresa diariamente todo tipo de consultas, hasta de los mismos adolescentes desorientados por ese placer que experimentan a la hora de autolesionarse. Siempre hay un psicólogo al teléfono para asesorar.

“A esa edad de vulnerabilidad experimentan lo que conocemos como comunicación horizontal –es decir entre ellos–, generando tribus y comunidades. Aconsejamos a los padres que no apelen a la penalización de la conducta, sino a encontrar espacios en donde los chicos sean escuchados y los padres orientados”, amplió Piemontesi.

En el hospital psiquiátrico Carlos Pereyra, de Ciudad, se asiste diariamente a mayores de 18 años con patologías psicológicas y psiquiátricas. En la franja etaria que va de desde esa edad hasta los 25 años, también han detectado casos de cutting. “En la mayoría se presenta un cuadro depresivo severo y este tipo de autolesiones son la punta de un iceberg que obliga a bucear en la enfermedad que lo provoca”, analizó el director de ese psiquiátrico, Manuel Vilapriño Duprat.

Contención para los momentos de crisis

En la esquina de 9 de Julio y Pedro Goyena, de Jesús Nazareno, en Guaymallén, funciona la única Unidad de Internación en Crisis de la provincia. A ese edificio, que hoy dispone de 12 camas, llegan después de tratamientos ambulatorios y como última instancia, adolescentes de entre 13 y 17 años que se autolesionan o han tenido algún intento de suicidio.

“La gran mayoría de los chicos que llegan vienen con autolesiones y en el tratamiento admiten que se provocan cortes en brazos y piernas porque ese dolor físico les alivia un dolor emocional que no pueden expresar. Cuando se indaga un poco, surgen problemas sociales, en la familia o en el colegio que no pueden resolver y la única respuesta que tienen es dañarse el cuerpo. Se lesionan con tenedores plásticos y hasta con palos, todo lo que pueda tener algo de filo”, cuenta la psiquiatra Sonia González Herrera, coordinadora de la Unidad de Internación en Crisis.

Por ese lugar pasan mensualmente unos 60 jóvenes, “de los cuales el 80% se autolesiona y tendrá una internación máxima de 10 días con tratamiento psicológico y psiquiátrico, dependiendo del cuadro que presenten”, aportó la psquiatra. Hasta allí llegan chicos derivados de los centros de salud mental infanto-juvenil y también del Órgano Administrativo Local, ya que en algunos casos no contaron con contención familiar.

Lo que más preocupa a las autoridades de esa unidad no solo es que esta tendencia del cutting va en aumento, sino que cada vez son más pequeños los chicos que caen en la tentación de provocarse dolor físico como respuesta a un problema.

“Antes recibíamos chicos de 12 a 17 años, pero dado el aumento en la cantidad de los que llegaban, incluso de otras provincias, tuvimos que acotar la edad y lo dejamos de 13 a 17. Ahora los más pequeños son derivados al Servicio de Salud Mental del hospital Notti y allí han detectado casos de niños de 9 años con autolesiones y cortes”, confió González.

A la hora de dar un consejo a los padres de estos adolescentes, la especialista recomendó cuidar y fortalecer constantemente el vínculo con los hijos. “Es que es hay chicos que llegan después de autolesionarse durante meses y pese a que los padres pueden tener sospechas, no lo detectan hasta que llegan a una crisis”, apuntó González y remarcó poner atención a los repentinos cambios de conducta de los chicos y a sus largos períodos de encierro.

FUENTE: Por Rosana Villegas para diariouno.com.ar

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