*Hasta 20% de menores de entre 12 y 18 años podrían recurrir a ello

*El invierno es una temporada propicia para su aparición, porque la ropa oculta las lesiones y permite seguir haciéndolo

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Hasta un 20 por ciento de los menores de entre 12 y 18 años podría practicar una conducta autolesiva de riesgo, mejor conocida como cutting, de acuerdo a la investigación hecha por los Centros de Integración Juvenil (CIJ), pues se considera como un acto presuicida y, por ende, una seria alerta de salud pública, sobre todo en temporada invernal, porque la ropa favorece ocultarlo.

Ramiro Vélez Sagarnaga, director de la referida asociación civil, destacó al respecto que la proporción medida entre sus pacientes es del triple de mujeres que hombres, quienes recurren a rasguñar y cortar su piel debido a un trastorno psiquiátrico de depresión, y su motivación no es otra que “aliviar su dolor emocional”.

“Clara” y “Azucena” accedieron a darnos sus testimonios y exponer por qué una lesión autoinfligida es la única manera que conocen para liberar la tristeza y resentimiento hacia sus circunstancias de vida, pues sentirse amadas y saber amar es algo que nunca les fue enseñado.

Debido a los constantes reportes sobre adolescentes que recurren a este tipo de autolesiones sin aparente justificación, la sede estatal de los CIJ determinó darle intención a la pregunta como parte de la entrevista diagnóstico de los pacientes, específicamente a los menores de edad, explicó el Director.

“Vimos que una quinta parte, es decir, un 20 por ciento, confesaron haberla practicado por lo menos una vez en este último año. La gravedad de la situación es que se considera un acto presuicida por los especialistas en salud mental, pero los jóvenes ni siquiera lo ven así”, expuso.

La interpretación psicológica y química de tal acción parte de que las neuronas liberan endorfinas cuando ocurre una lesión en el cuerpo y producen una sensación de alivio, a la cual recurren los adolescentes, porque afirman es mejor que el dolor emocional interno.

“Se cortan en partes del cuerpo ocultas, como los brazos, y empiezan con rasguños o cortadas, pero es reiterativo, se llegan a lastimar entre 30 y 40 veces en la misma parte y me preocupa que lo vean como una simple moda, pues conlleva trastornos neuroquímicos”, advirtió Ramiro Vélez.

En ese sentido, puntualizó que el cutting aún no ha sido clasificado como “adicción no tóxica” o conducta compulsiva, ni es propia de una tribu urbana, específicamente los “emos”, lo cual ocurrió cuando la conducta empezó a importarse desde Europa.

Con base en ello, los especialistas del área la han conceptualizado como “una conducta autolesiva de riesgo, con un trasfondo en la falta de expresión de emociones que se da en la adolescencia; no hay un triunfo en las cicatrices, sino apenas un ligero dejo de rebeldía, pero también está aparejado a la confusión de conceptos”, compartió.

Vélez Sagarnaga describió que si bien no existe un perfil de adolescentes que tenderán a cortarse o que lo hagan, se han identificado dos factores primordiales, que son la baja tolerancia a la frustración o incapacidad de afrontar situaciones de estrés, así como un trastorno afectivo disocial o bipolar, ambas características propias de las nuevas generaciones.

Familias y escuelas unidas, estrategias de contención
De acuerdo a lo manifestado por los pacientes que admiten practicar la autolesión, el motivo es “aliviar” el dolor emocional sentido por no tener una buena comunicación con padres o madres, así como sentir dificultad para compartir sus sentimientos con otras personas y para socializar.

Por ello, será determinante la atención emocional de padres y madres de familia en identificar tales conductas y mejorar la comunicación con hijos e hijas, además de buscar el apoyo de una terapia psicológica para desahogar tales sentimientos.

También los CIJ iniciaron una capacitación a docentes, orientadores, prefectos y trabajadoras sociales de secundaria y de bachillerato para identificar esos comportamientos y, posteriormente, abarcar las primarias; “es que desgraciadamente la edad de inicio, igual que en la drogadicción, va bajando cada vez más”.

“Ahorita lo tenemos en 12 y 13, y en secundaria lo vemos muy idóneo, mientras que en bachilleres y preparatoria es más que nada detección y canalización, que puedan derivarnos a los chicos a los CIJ, para así apoyarlos”, acotó.

De tal manera, recalcó que el trabajo conjunto entre padres y docentes, aunque cada uno lo haga desde su área, será la “única manera de disminuir el número de suicidios relacionados con esto, pues la mayoría de las ocasiones nunca están presentes en las terapias y es muy importante cerrar la pinza con ellos”.

El cutting es preludio del suicidio
“Así debe considerarse, pues la intención es sentir dolor, no tienen muy claro terminar con la vida, pero en cualquier punto puede derivar en ello”, alertó el experto, quien enfatizó la importancia de que los padres y madres estén atentos a lo que pudiera pasarse por “raspones”.

Para infligirse las heridas, los adolescentes utilizan un cutter, el tapón puntiagudo de una pluma. Empiezan con rasguños, generalmente con sus propias uñas, luego un objeto filoso y llegan a una navaja o cuchillo. No es necesariamente la cicatriz, pues incluso buscan esconderlo”, describió.

La compulsión por lesionarse decenas de veces en una misma área los expone a un serio riesgo de perder la vida, porque “pueden tocar una arteria o un vaso importante, que les llegue a causar un shock hipovolémico”.

“Si el objeto con el que se cortan está oxidado o con polvo, puede traerles una seria infección, no sólo en la piel sino en todo el torrente circulatorio”, apuntó.

Fotos: Raúl Rodríguez.

FUENTE: Por Heidi Rodríguez 19/11/2015 para Omnia.com.mx