autolesion-brazos-soledad-asustadaUna de las expresiones de malestar emocional que más me ha llamado la atención en mi práctica clínica han sido las autolesiones, concretamente aquellas en las que la persona no busca provocarse la muerte.

El primer aspecto que me sorprendió fue la elevada frecuencia de estos comportamientos, especialmente entre la población adolescente. Y es que aproximadamente un 18% de los adolescentes causan de manera deliberada agresiones a su propio cuerpo (mediante cortes, quemaduras, golpes…) con la expectativa de que la lesión causará un daño físico leve o moderado.

Hace unos años algunos estudios apuntaban a que la frecuencia de estos comportamientos podría estar aumentando. Las últimas investigaciones internacionales, sin embargo, desmienten esta idea, concluyendo que la prevalencia de estos comportamientos se mantiene estable.

Sin embargo, su elevada prevalencia y el enorme malestar que las acompaña  han hecho que las investigaciones sobre estas conductas y su tratamiento aumenten considerablemente en los últimos años.

Una de las preguntas que me surgieron al empezar a tratar con personas que se autolesionan es: ¿Por qué lo hacen? ¿Qué es lo que les conduce a hacerse daño?

Aunque es una cuestión de difícil respuesta, existen algunos modelos teóricos que intentan aportar algo de luz en este sentido:

Según Nock y Prinstein, las autolesciones podrían estar cumpliendo 4 funciones principales:

 1. Reforzamiento  automático negativo: la autolesión permite aliviar un sentimiento desagradable, como por ejemplo la ira, la tristeza o los sentimientos  de vacío.

 2. Reforzamiento automático positivo: la autolesión provoca una sensación o sentimiento agradable, o por lo menos le permite sentir algo, aunque sea dolor.

 3. Reforzamiento social negativo: la autolesión permite evitar una situación o contacto social desagradable.

 4. Reforzamiento social postitivo: la autolesión permite obtener una determinada reacción o comportamiento por parte de otra persona.

En la misma linea, Klonsky propone 7 funciones principales para las autolesiones:

 1. Alivio de sentimientos desagradables o perturbadores.

 2. Auto-castigo: en este caso las personas creen que “merecen” el dolor que se provocan.

 3. Vinculación con el grupo de iguales: el adolescente se relaciona con otros jóvenes que se autolesionan y usa esta conducta pera integrarse en el grupo.

 4. Búsqueda de sensaciones: la persona busca “saber qué se siente” al autolesionarse.

 5. Afirmación de límites interpersonales: se utiliza la autolesión como una forma de comunicación con los demás, esto sucede cuando no se han aprendido previamente otras estrategias de expresión más saludables.

 6. Anti-disociación: la autolesión sirve para evitar experimentar síntomas disociativos.

 7. Influencia interpersonal: mediante la autolesión se consigue que otra persona haga lo que uno desea.

Klonsky nos explica que estas funciones no son excluyentes entre sí, de manera  que lo más habitual es que se tengan lugar varias a la vez.

Otra linea de estudio sobre las conductas autolesivas se ha centrado en estudiar los factores que suelen estar vinculados a las mismas.

Existe una asociación importante entre las autolesiones sin intencionalidad suicida y otros cuadros psiquiátricos, como por ejemplo los trastornos del estado de ánimo (especialmente la depresión), los trastornos de la personalidad (destacando entre ellos del trastorno límite de la personalidad), los trastornos de ansiedad, el abuso de drogas, los trastornos de la conducta alimentaria (como la anorexia nerviosa o la bulimia), los trastornos de conducta en la adolescencia y el trastorno de estrés postraumático.

Así mismo, se ha observado que existe una relación estrecha entre las autolesiones no suicidas y los intentos de suicidio posteriores, la cual cosa ha hecho que los expertos consideren que probablemente estas dos conductas forman parte de la misma trayectoria de riesgo.

Numerosos estudios han hallado una mayor frecuencia de conductas autolesivas en personas que han vivido situaciones traumáticas en la infancia, como por ejemplo malos tratos.

Así mismo, se ha encontrado relación entre las conductas autolesivas y una elevada impulsividad.

Llegados a este punto: ¿qué podemos hacer ante un caso de autolesiones para mejorar la situación?

Desde la psicología se han desarrollado enfoques terapéuticos que se han mostrado eficaces para reducir las conductas y los pensamientos autolesivos. El tratmiento que cuenta con mayor apoyo científico es la Terapia Interpersonal (Linehan, 1993), que combina sesiones grupales e individuales, entrenando a las personas en habilidades que les permitan afrontar de manera más saludable las situaciones.

Las autolesiones causan un enorme desconcierto y malestar tanto a quienes las sufren como a los que les rodean. Debemos recordar que es necesario entender a cada persona como individuo único en interacción con sus propias circunstancias, de manera que toda teoría o intento de sistematizar es -por muy útil que pueda resultarnos- una mera simplificación.

Tanto si eres tu el que te autolesionas como si lo hace alguno de tus allegados, es importante que tengas presente lo siguiente:

 – Las autolesiones son algo mucho más común de lo que solemos imaginar, no estás sólo.

– Las autolesiones son un síntoma de que algo va mal, debemos esforzarnos en entender qué papel están jugando sin entrar en juicios o culpabilizaciones innecesarias.

– Actualmente contamos con tratamientos psicológicos eficaces para tratar las autolesiones. Si piensas que te puedes beneficar de ellos, no dudes en pedir ayuda, mereces hacer todo lo que esté en tu mano para estar mejor

FUENTE: Por Vanessa Narváez Peralta para resiliencia.org

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