Dolor…

Durante toda nuestra vida nos educan en lo negativo del dolor, en el uso del dolor como castigo, en el rechazo a todo tipo de violencia y a todo acto que conlleve el dolor, físico o emocional, de cualquier persona…

En otras épocas o culturas, el dolor ha sido ensalzado como medio de purificación, autocontrol e incluso como una manera de acercarse a Dios. Pero hoy en día, en nuestra sociedad judeocristiana occidental todos sabemos bien que el dolor es malo y que aquel que lo provoca no es una buena persona.

Y sin embargo…

¿Qué ocurre si una persona utiliza un dolor para aliviar otro?

¿Qué pasa si alguien sufre en su interior un sufrimiento emocional tan fuerte que la única manera de aliviarlo, aunque sea momentáneamente, sea causándose un dolor físico igual de intenso, o incluso más?

A este fenómeno se le llama autolesión, automutilación o “self-injury” y, al contrario de lo que comúnmente se piensa, no es algo propio exclusivamente de anoréxicas límite, esquizofrénicos ni masoquistas.

La persona que se autolesiona, rara vez lo hace para llamar la atención de forma consciente, por placer o aburrimiento. Generalmente es una respuesta a un dolor emocional muy intenso al que no sabe como enfrentarse, que no quiere o no sabe desahogar.

Todo el mundo es susceptible a sufrir este problema, pero los estudios realizados hablan de que la población que más la sufre son mujeres de 12 a 30 años con la autoestima bastante baja, aunque eso no significa que no haya niños, personas maduras u hombres. Todo el Mundo sufre emocionalmente, por lo que cualquiera puede recurrir a autolesionarse. No es cosa de locos o personas tontas, ya que, al igual que ocurre con las personas afectadas con anorexia y bulimia, quienes se autolesionan acostumbran a tener un coeficiente superior a la media. Es lógico, por otra parte, ya que una mayor inteligencia permite observar los problemas más ampliamente, acatar más responsabilidades y, por tanto, agobiarse mucho más y sufrir por cosas que para otras personas son absurdas.

Cuando una persona decide recurrir a lastimarse (puede ser cortándose, que es lo más común; mordiéndose, quemándose o golpeándose) lo hace porque algún sentimiento o situación ha podido con ella. Ese sentimiento puede ser de tristeza, de rabia, de desesperación, de frustración… Cualquier sentimiento negativo puede hacer que alguien se sienta destrozado.

Esta persona se siente sobrepasada, angustiada, sola, inquieta y arrinconada. Sufre por dentro más de lo que es capaz de soportar y no sabe cómo desahogarse. Se siente perdida y confusa, y terriblemente sola…

Y recurre al dolor..

Pocas personas de las que se causan daño intencionadamente recuerdan el porqué de la primera vez que se lastimaron. Eso, de hecho, rara vez importa. Simplemente estaban sobrepasadas y decidieron lastimarse.

Cuando la persona de la que hablamos se lesiona, se produce una reacción bioquímica en su organismo. El cuerpo reconoce una agresión externa maligna y para aliviarla y paliar el dolor segrega, en primer lugar, una gran cantidad de adrenalina que hace que la persona sienta que su mente se queda en blanco, que toda su angustia desaparece. Y después, el cerebro ordena segregar endorfinas, que es una hormona que alivia el dolor y produce despreocupación.

Es decir, la persona que se ha autolesionado siente para empezar un alivio puramente químico y, por otra parte, se ha “castigado”.

Y ese es el mayor truco y la mayor trampa de la autolesión: Funciona de manera incuestionable. Y eso hace de ella un alivio rápido y eficaz que siempre da el resultado esperado.

Sin embargo, quien se hace daño no disfruta con ello. Sabe que está mal y después de cada herida nueva, se siente culpable y le sobreviene un bajón aún mayor, una sensación de auto desprecio y odio muy difícil de describir y muy dura de experimentar.

Ciertamente, casi todo el mundo conoce a alguien que se autolesiona o ha visto alguna vez marcas en el brazo de alguien o ha escuchado rumores. Cuando se tienen este tipo de noticias, lo más normal es compadecerse de la persona, apartarse casi imperceptiblemente de ella y comentarlo con mucha gente, en parte por morbo y en parte por averiguar si alguien tiene alguna idea de cómo ayudar a la “pobrecita loca”.

Desgraciadamente, en la actualidad se ha puesto “de moda” lucir cortes en los brazos (que no son tales, sino simples arañazos) con la peregrina intención de llamar la atención y de hacer lo que en algunos grupos se considera “de incomprendidos”. Y este tipo de actuaciones hacen que las personas que se autolesionan por motivos emocionales se vean más repudiadas y menos entendidas.

Generalmente quien se hace daño a sí mismo trata de ocultarlo todo lo que pude, ya que sabe que es una conducta muy reprobable y tremendamente estigmatizada. Además de que, a menudo, ni siquiera quien lo hace sabe bien sus motivos profundos. De esta manera, muchas personas aparentemente “normales” ocultan su dolor y sus cicatrices hasta que, unas, deciden contarlo para librarse de su secreto; y otras son descubiertas de una u otra manera.

Cuando la persona que se lastima ve descubierto su secreto, se le viene el Mundo encima. Se siente desnuda ante toda la gente que le rodea, se siente aún más sola y se siente observada. Y, tristemente, es así. Cuando se sabe que alguien se lastima se le mira desde lejos como a una persona loca o idiota, pero muy raras veces nadie se acerca a ella para tratar de ayudarla o comprenderla.

Quien ha sido descubierto sufre el doble al verse temido y observado, y esto a menudo deriva en más lesiones, cada vez más ocultas y secretas en el cuerpo, para no recibir más desprecio y más miedo.

Recordamos que quien se lastima suele tener la autoestima baja, con lo que el ver que su entorno lo rechaza o lo excluye por algo que él SABE que es malo, pero que para él es necesario, puede provocar un dolor emocional inconcebible.

La actitud adecuada ante una persona que se lastima es de comprensión, cariño y, ante todo, respeto. No se le pude tratar como a un espécimen raro ni como a un demente peligroso. Tampoco se debe eludir hablar del tema con la persona afectada, ya que ésta generalmente preferirá explicar con sus propias palabras lo que le ocurre a tener que ver cómo se cuchichea sobre ella. Sin embargo hay que tratar el tema con cuidado, no se le puede preguntar a alguien “¿¡Es verdad que te rajas!?”, porque la reacción más probable será el rechazo.

Hay que tratar de entender a la persona que sufre este problema, no tratarla como a un niño pequeño ni tenerle lástima, sino actuar con normalidad y ofrecerle ayuda y apoyo. Hay que pensar que quien recurre a esto SE SIENTE MAL y a menudo lo que necesita es desahogarse, distraerse y dejar de agobiarse.

Sin embargo, y esto es muy importante, no hay que darle un exceso de importancia al hecho de la autolesión, puesto que ésta es una REACCIÓN ante un conflicto interno. La automutilación tan sólo es una manera extrema de expresar un fuerte dolor emocional. Y ese dolor es el problema de verdad, ese dolor es el auténtico mal.

Por supuesto generalmente hay que recurrir a la ayuda de un psicólogo psiquiatra, pero esto siempre debe ser decisión del afectado, ya que llevarle a la fuerza puede ser muy contraproducente.

También es importante encontrar un profesional adecuado, que esté habituado a tratar con personas que se autolesionen, ya que la incompetencia de un psicólogo a menudo hace más daño que bien.

A menudo es muy importante, una vez en el psicólogo, averiguar cuál es el problema del que nacen los problemas. Es decir, ¿por qué de dos personas con la misma edad, trabajo, situación y manera de ser, una se autolesiona y la otra no?

Una considerable porcentaje de las personas que se autolesionan han sufrido abusos sexuales en algún momento de su vida. Otras han sufrido traumas familiares, han sido educadas con especial rigidez, no les han enseñado a desahogarse,  vivieron muertes repentinas de seres queridos, tienen un fuerte odio hacia ellos mismos… Incluso sentimientos tradicionalmente puros, como el amor, pueden pudrirse si se reprimen y acabar creando un conflicto emocional…

Nunca hay un solo motivo por el que alguien recurre a lastimarse.

Vivimos en una sociedad de enfermedades que nacen en la propia mente y en el propio corazón. Anorexia, bulimia, autolesión… Problemas que nos demuestran que nuestra “mundo perfecto” no es así… Enfermedades que nos dicen que la gente sufre, y sufre mucho, por cosas que a veces desprestigiamos.

Y así, todo nace y muere por el dolor…

El dolor interno, el dolor externo…

El dolor…

Dolor…

Que se puede vencer con la esperanza.

Que se puede vencer con esfuerzo.

Que se puede vencer con ayuda.

FUENTE: Por Paloma Vargas Ruiz para Autoleison.com

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