Fue un desacierto solo aparente el menoscabo que de parte de la directora de Educación Secundaria Olga Burella merecieron las actividades organizadas por la escuela provincial 49 para llamar la atención sobre el problema de las autoagresiones, en los casos más graves fatales, en que incurren los adolescentes. Al margen de las intenciones que haya tenido, la funcionaria terminó contribuyendo a una discusión necesaria y urgente, de la que el sistema educativo no debería desertar. Tras un abrazo simbólico al edificio escolar y una suelta de globos que, bajo la consigna “Sí a la Vida”, inició la feria de ciencias en la 49, Burella señaló que su preocupación pasaba antes “por las cuestiones más propias de nuestro trabajo, de nuestro eje, que son los alumnos y el proceso de enseñanza aprendizaje”, y que la cuestión de las autolesiones, adicciones incluidas, era competencia del área de Salud. Tal vez estas apreciaciones fueron impulsadas por las críticas que los docentes involucrados en las actividades hicieron a los mecanismos de contención con que cuenta el sistema para contener a los adolescentes en riesgo, pero el caso es que precipitaron réplicas que enfatizaron la importancia de la preparación docente para detectar y llegado el caso intervenir en situaciones potencialmente peligrosas para los chicos.

La primera reacción a las manifestaciones de Burella se produjo a las pocas horas de sus declaraciones. En la apertura de las Primeras Jornadas Regionales de Niñez y Adolescencia realizadas en la UNCA, los profesionales José Vega, Celestina Rearte y Pedro Cherby remarcaron que las conductas patológicas de los chicos son “síntomas” de lo que ocurre en una sociedad a cuyas complejas características el sistema escolar debe adaptarse. Alertaron sobre indicadores graves, como la tasa de suicidios, embarazos adolescentes, adicciones y abusos, y señalaron las carencias de un régimen en el que ni siquiera se proporciona la educación sexual integral. Sintéticamente: el proceso de enseñanza y aprendizaje no puede desarrollarse divorciado del contexto social, el sistema educativo no puede ser prescindente de los problemas que afectan a niños y adolescentes.

A este análisis se sumaron a mediados de esta semana los que se hicieron en unas jornadas de Salud Mental y Prevención del Suicidio que organizó la Dirección Nacional de Salud Mental y Adicciones, por las que coincidieron en Catamarca especialistas en psiquiatría de diferentes puntos del país. El objetivo, dijeron los organizadores, es “tejer una red” para mermar los índices de suicidio adolescente en el país. En las provincias del norte, consignaron, los datos son “alarmantes”. Héctor Basile, psiquiatra infantojuvenil, le dio un rol central al docente. “Estamos perdiendo chicos porque no sabemos cómo ayudarlos. Es grave y doloroso y es para pensar que tenemos que capacitar a los docentes, padres y profesionales para que puedan detectar las señales de alarma. No tenemos que esperar que cometan actos extremos. Cuando la angustia los lleva a autoflagelarse es porque el chico está desesperado, sintiendo que no tiene solución”, advirtió. Hizo hincapié en la necesidad de “generar una red fuerte entre docentes, padres y médicos”, con docentes que además de estar preparados para enseñar lo estén para “querer ver más cosas y darles importancia, quizás por las dudas, pero darles importancia”. Como los docentes de la escuela provincial 49, que tan despectiva respuesta de la directora de Educación Secundaria recibieron tras su “Sí a la Vida”.

FUENTE: Elancasti.com.ar el 21/11/17

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