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“Luego del tratamiento psicológico de mi hija por haberse tomado un frasco de pastillas, ella se sinceró conmigo y me enseñó sus piernas… Fue impactante ver tantas cortadas”.

Ese era el secreto de la hija de una alajuelense. La niña lo guardaba desde que estaba en sexto de primaria; ahora tiene 14 años. Los nombres de ambas entrevistadas no se divulgan por protección.

El acoso escolar que recibía la hizo caer en trastornos alimentarios y la llevó a autoagredirse a diario con cortaduras.

La frecuencia de casos de colegiales que se hieren a sí mismos preocupa a orientadores, profesores y psicólogos.

Las causas son muchas, como la depresión debida a problemas familiares y personales. Estas dificultades se asocian a la autoagresión, explicó la psicóloga Leydin Aguilar.

En el último mes, esta funcionaria ha atendido a diez estudiantes que utilizan la autoagresión como una respuesta ante la sobrecarga emocional.

Tales lesiones incluyen el cortarse, quemarse, rascarse, jalarse el pelo, arrancarse la piel o las uñas, tragar objetos, consumir drogas y fracturarse huesos.

Los colegiales se hieren en partes del cuerpo que puedan ocultar, como brazos, muñecas, piernas, pecho, estómago, cabeza y órganos genitales.

“Yo no me di cuenta; solo noté que ella dejó de usar shorts e ir a las piscinas. Cuando yo le vi las heridas, sentí mucha culpa. Ella me decía que la mayoría de las cortadas se las hacía en el colegio. Otros compañeros también lo hacen. Mi hija contó que entre ellos intercambiaban cuchillas para herirse”, relató la madre.

Frecuencia. El Colegio de Profesionales en Orientación indicó que, tras realizar una consulta con varios profesionales en ese campo, estos reportaron un aumento en la consulta por casos de autoagresión.

Iván Ceciliano, director del colegio Luis Dobles Segreda, en San José, dijo que las autolesiones se presentan por lo general en sétimo y octavo grados.

Para el personal docente, es muy difícil detectar si un alumno presenta heridas debido a que generalmente las esconden bajo abrigos, pulseras o pañuelos en sus muñecas.

“Esta situación generalmente se arrastra desde la escuela. Hay un aumento preocupante de casos. En este año se han atendido tres en el liceo. Cuando se detecta un caso, el profesor guía llama a los padres y se hace una investigación”, dijo Ceciliano.

La Clínica del Adolescente del Hospital Nacional de Niños carece de estadísticas precisas del número de casos, pero su director, Jorge Alberto Morales, explicó que el aumento es una tendencia mundial. Un estudio realizado por la Caja Costarricense de Seguro Social en el 2013 reveló que de 10.635 casos de violencia atendidos en los centros públicos de salud ese año, un 8 % corresponden a violencia autoinfligida. El estudio no especificó cuántos de los afectados eran adolescentes.

Las autoagresiones no necesariamente están relacionadas con intentos de suicidio. “Generalmente son heridas superficiales. Tiene que ser visto como un mensaje del joven al adulto. La depresión en los adolescentes no se manifiesta siempre con tristeza; a menudo es con enojo, cambios conductuales, aislamiento o uso de drogas”, manifestó Mauricio Campos, médico del Hospital Nacional Psiquiátrico.

¿Qué hacer? “Cuando me enteré, lo último que hice fue regañarla. Si una mamá se da cuenta de alguna situación como esta, aquí el castigo no vale; más bien, se requieren apoyo y comunicación. Ahora converso más con ella, la escucho, y ella va a terapia. Hace un mes que no se corta”, relató la madre alajuelense.

La psicóloga Leydin Aguilar considera que el regaño empeora la situación.

“La mayoría de los adolescentes que se autolesionan lo hacen porque pasan por una situación emocional difícil. Los padres no deben juzgar a sus hijos; deben buscar las causas y pedir ayuda profesional. A final de cuentas, ellos siempre serán sus hijos”, mencionó Aguilar.

FUENTE: Por Daniela Cerdas E. para nacion.com a 19/07/2015

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