Cuando un joven no tiene las herramientas adecuadas para lidiar con sus emociones o con sus problemas cotidianos, puede recurrir a conductas destructivas. Las más conocidas son el abuso del alcohol o de las drogas, pero también pueden utilizar una estrategia autodestructiva menos familiar: cortarse, quemarse y golpearse a sí mismo para escapar del dolor, la tristeza, la ira o la culpa.

Pero que esta conducta sea menos conocida no la hace menos frecuente. Un estudio realizado en 564 estudiantes de licenciatura, de entre 17 y 26 años, provenientes de ocho universidades en la Ciudad de México, reveló que 30.9 por ciento de los jóvenes se había lesionado a sí mismo cortándose, quemándose o golpeándose por lo menos una vez en su vida. El estudio, que recibió apoyo de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, también evidenció que 26.9 por ciento se había enganchado en el comportamiento y lo había repetido cinco veces o más.

A este tipo de lesiones se le conoce como autolesiones no suicidas y se dan, la mayoría de las veces, cuando una persona no es capaz de manejar sus emociones y recurre a lastimarse de diferentes maneras: se corta, con navajas incluso; se quema, con cigarrillos o con encendedor; golpea la pared, algún objeto o a sí mismo en la cara o en el cuerpo; se rasca hasta sangrar; o se entierra objetos filosos en el cuerpo, explica Everardo Castro Silva, quien trabajó en el estudio como parte de su tesis doctoral.

Al provocarse una herida, el cuerpo libera unas sustancias llamadas opioides endógenos, que son los analgésicos naturales que ayudan a calmar el dolor, y eso alivia momentáneamente el sufrimiento emocional, explica el investigador.

Este comportamiento es una señal de alarma que indica que un individuo no tiene herramientas para lidiar con el estrés o incluso con situaciones de la vida cotidiana, y detectarlo a tiempo podría evitar que el problema escale a trastornos más graves, como las adicciones, la bulimia, la anorexia, o incluso el suicidio.

Un trabajo previo encontró que entre 5.6 y 17.1 por ciento, de una muestra de 533 adolescentes de 11 a 17 años, se habían autolesionado alguna vez en su vida. Pero hasta ahora el de Everardo Castro es el único estudio que ha analizado la frecuencia de las autolesiones no suicidas en la población joven y se publicó en la revista científica Salud Mental.

Los resultados de la investigación indican que casi un tercio de los jóvenes en la muestra no cuenta con las herramientas suficientes para lidiar con sus emociones, ni con las redes de apoyo suficientes.

Las causas de las autolesiones

Everardo Castro estudió la licenciatura en psicología y lleva casi 12 años como terapeuta. Se interesó en el tema de las autolesiones no suicidas porque durante sus consultas, con bastante frecuencia veía jóvenes y adolescentes que repetían este comportamiento. Así fue cómo una observación clínica lo llevó a desarrollar una investigación científica.

“Antes de este trabajo había realizado algunas investigaciones sobre la frecuencia de las autolesiones no suicidas en adolescentes de secundaria y preparatoria, pero nunca en jóvenes universitarios”, comenta Everardo Castro.

Este comportamiento suele asociarse más a la adolescencia. De hecho, el psicólogo cuenta que durante su investigación, cuando aplicó los cuestionarios en las universidades, muchos profesores no conocían el fenómeno y los que lo conocían pensaban que solo sucedía en secundaria o preparatoria.

“No se daban cuenta de que había un número importante de universitarios que lo seguían haciendo”.

Un tranquilizante engañoso

Las autolesiones no suicidas son un método de evadir o enfrentar emociones, tienen múltiples motivaciones pero la más frecuente es que frente a una emoción —enojo, tristeza, culpa— que los adolescentes, jóvenes o adultos perciben como incontrolable y que no saben cómo manejar, ven en autolesionarse una manera de tranquilizarse.

“Esto tiene que ver con un mecanismo biológico. Cuando una persona se lastima, se manda una señal a su cerebro y el cerebro empieza a liberar unas sustancias conocidas como opioides endógenos, que son como los analgésicos que los humanos tenemos integrados. Lo que hacen estos analgésicos es aminorar el dolor, es por eso que cuando alguien se lastima, el dolor empieza a disminuir después de un rato”, señala el psicólogo.

Al cortarse, quemarse o golpearse, los jóvenes sienten dolor pero después viene una sensación de alivio que los calma incluso de los estados de ánimo alterados en que se encuentran.

El problema es que la sensación de relajación es temporal y cuando el alivio pasa, el problema que generó el estrés emocional sigue allí, y los jóvenes pueden recurrir a la práctica para volver a tranquilizarse. De hecho, cuando un joven se ha lesionado más de cinco veces, en promedio, continúa con la práctica por cinco años y termina con múltiples cicatrices, explica el investigador.

Con el paso del tiempo, esta estrategia pierde efectividad porque aunque la persona se siga autolesionando, los problemas persisten. Entonces, el individuo tendrá que buscar otra estrategia para regular sus emociones, pero si continúa sin conocer las herramientas adecuadas para hacerlo, puede brincar a probar mediante los trastornos alimenticios o el consumo de drogas, y llegar a desarrollar un trastorno límite de la personalidad o a cometer suicidio.

Autolesiones y suicidio

Las personas que se autolesionan no están buscando suicidarse, señala Everardo Castro, pero sí existe una asociación entre las autolesiones no suicidas y el suicidio. Los adolescentes que se autolesionan tienen hasta seis veces mayor probabilidad de cometer suicidio, pero es por la falta de herramientas para resolver sus problemas diarios.

Las autolesiones también pueden llevar a accidentes graves, porque muchas de las personas que se autolesionan tienen mayor tolerancia al dolor, y a veces se cortan más de lo que esperaban, de hecho, pueden acabar en el hospital como consecuencia de eso, detalla el psicólogo.

Un fenómeno que aumenta

Aunque existe una discusión entre los expertos sobre si las autolesiones no suicidas están aumentando en la población o si apenas ahora comienza a estudiarse el fenómeno, Everardo Castro considera que cada vez es más común ver en Internet o en las películas estas prácticas, o escucharlas en las canciones y en las pláticas cotidianas de los jóvenes.

El investigador considera que es un fenómeno que se está normalizando, y de manera anecdótica cuenta que sus pacientes suelen comunicarle que vieron la conducta en un amigo y decidieron repetirla.

“Cuando una persona se empieza a autolesionar en un grupo, hay muchas probabilidades de que otras personas que lo sepan lo empiecen a repetir. Es un tipo de contagio”.

Prevención

Para Everardo Castro, es imprescindible hacer visible este problema ante las autoridades sanitarias y escolares para tomar acciones en el asunto. Pero esto se vuelve muy difícil porque en el país no hay cifras que den cuenta de la extensión de la problemática; esto a diferencia de países como Estados Unidos, donde se tienen estadísticas nacionales de la práctica autolesiva.

El investigador considera que el problema debe recibir atención al igual que la reciben conductas como el bullying o la anorexia. Y recalca la importancia de trabajar de manera preventiva en primarias y secundarias impartiendo talleres o clases específicas y continuas en las que se les enseñe a identificar sus emociones, habilidades de socialización, de regulación de emociones, de autoestima y de comunicación asertiva.

“Estas no son conductas inofensivas, el hecho de que alguien se esté autolesionando indica que tiene una serie de carencias en el manejo de sus emociones y en su capacidad de expresarlas y lo están llevando a lastimarse. Eso por sí mismo ya es problemático, pero además, te sugiere que esa persona tiene una serie de problemas psicológicos que no está pudiendo resolver”.

Para el psicólogo, es necesario difundir el problema y aclarar que es un fenómeno mucho más frecuente de lo que se piensa, que afecta a ambos sexos y no solo a subculturas como la emo o la gótica.

Everardo Castro busca publicar, este año, otra parte de su investigación doctoral en la que analizó la frecuencia de las autolesiones no suicidas en una muestra de mil 600 estudiantes de las 14 facultades de la UNAM

FUENTE: Por Amapola Nava, Agencia Informativa Conacyt, Ciudad de México, 25/04/2018

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