4. Para el Psicologo

Diagnósticos

A continuación se presenta una justificación de porqué la autolesión se debería considerarse como un trastorno en sí mismo.

En el DSM-IV, los únicos diagnósticos que mencionan la autolesión (automutilación) como un síntoma o criterio para su diagnóstico, son trastorno de personalidad limítrofe, trastorno autista, retraso mental y trastornos ficticios donde está presente el intento de fingir una enfermedad física (APA, 1995; Fauman, 1994).  También es generalmente aceptado que formas extremas de auto-mutilación (amputaciones, castraciones, etc.) se pueden dar en pacientes psicóticos o delirantes. La auto-leisón no se considera como una trastorno en sí mismo.

Sin embargo,  la conducta de hacerse daño se encuentra en pacientes con más diagnósticos que lo que sugiere el DSM.  A través de entrevistas, la gente que se hace daño de manera reiterativa, han reportado haber sido diagnosticados con depresión, trastorno bipolar, anorexia, bulimia, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno por estrés postraumático, muchos de los trastornos disociativos (incluyendo el trastorno de despersonalización y trastornos disociativos no clasificados en otros apartados), trastornos de ansiedad y pánico, y trastornos del control de los impulsos no clasificados en otros apartados.  Por esto, y otras razones que se verán más adelante, muchos terapeutas están requiriendo un diagnóstico propio para la autolesión (automutilación).

No es el propósito de esta página de brindar información sobre todas estos trastornos.  Sin embargo, se presenta una descripción básica de cada uno, explicando en la medida de lo posible como es que la autolesión (automutilación) forma parte del padecimiento, y de ser posible dar sitios donde puedan encontrar más información.  En el caso del trastorno de personalidad limítrofe, tratamos de ser más exhaustivos en vista de que hay veces que de cajón se piensa que se aplica si la gente se autolesiona, y hay que tener cuidado ya que los efectos de un mal diagnóstico de personalidad limítrofe pueden ser atroces.

Trastornos en los que la auto-lesión puede estar presente:

Nota: Al leer el DSM, uno puede tener la impresión que gente que se autolesiona lo hacen a propósito para fingir una enfermedad o para ser dramáticos.  Esto NO es el caso en la mayoría de los pacientes que se autolesionan. La autolesión (automutilación) es todavía una conducta que está poco estudiada y que al no considerarse como un trastorno, hay poca información que lleva a los profesionales de la salud a describirla como una conducta para llamar la atención o bien como un intento fallido de suicidio.
Como se mencionó anteriormente, la autolesión normalmente se considera una conducta de autistas o gente con retraso mental.

Trastorno de la Personalidad Limítrofe

Desgraciadamente, el diagnóstico más popular que se le asigna a cualquiera que se autolesiona (automutila) es el Trastorno de la Personalidad Limítrofe. Pacientes con este diagnóstico son tratados con frecuencia como relegados por los psiquiatras; Herman (1992) cuenta que un residente de psiquiatría al preguntar a su supervisor que tratamiento requieren los limítrofes, le dijo “refiérelos”. Miller (1994) hace notar que los pacientes diagnosticados como limítrofes normalmente se les considera responsables por su propio dolor, más que pacientes con otros diagnósticos.  Algunas veces el diagnóstico de personalidad limítrofe de gente que se hace daño se utiliza para etiquetarlos como difíciles o conflictivos.

Si se considera el Manual de Diagnóstico Diferencial del DSM-IV (First, et al., 1995),  cuando se presenta el síntoma de “automutilación”, el primer punto de decisión es “La motivación es para reducir la disforia, ventilar sentimientos de enojo, o reducir sentimientos de adormecimiento …. en asociación con patrones de impulsividad y disturbios de identidad.”   Si esto es cierto, entonces un practicante quién siga el manual al pie de la letra tendría que diagnosticar a un paciente como de personalidad limítrofe únicamente porque manejan emociones abrumadoras con la autolesión (automutilación).

Esto es particularmente inquietante considerando los hallazgos de Herpertz et al. (1997), en que únicamente el 48% de su muestra de autolesionadores coincidieron con el criterio de trastorno de personalidad limítrofe del DSM.    Cuando se excluía la auto-lesión como factor, solamente el 28% de la muestra cumplía con el criterio.

Resultados similares se encontraron en un estudio por Rusch et al (1992).  Examinaron a 89 pacientes psiquiátrico hospitalizados con diagnóstico de trastorno de personalidad limítrofe, y resumieron sus resultados estadísticamente. Diferentes profesionales examinaron a los pacientes y sus expedientes, e indicaron el grado en que cada uno de los ocho síntomas que definen el trastorno estaban presentes. Un hallazgo fascinante fue que solamente 36 de los 89 pacientes cumplían con el criterio del trastorno del DSM-IIIR (presentar cinco de los ocho síntomas).   Rusch y sus colegas hicieron un análisis factorial para descubrir cuáles síntomas tienden a recurrir.

Los resultados son interesantes.  Encontraron tres grupos de síntomas: el factor de “volatilidad”, el cual consiste en enojo inapropiado, relaciones inestables y conducta impulsiva; el factor “auto-destructivo/impredecible”, que consiste en la autolesión (automutilación) y la inestabilidad emocional; y el factor de “disturbio de la identidad”.

El factor  auto-destructivo/impredecible estuvo presente en 82 pacientes, el de volatilidad en 25 y el de disturbio de la identidad en 21.  El autor sugiere, ya sea que la autolesión es el núcleo del trastorno de personalidad limítrofe, o bien, hay una tendencia de utilizar la autolesión (automutilación) como criterio suficiente para etiquetar a un paciente con este trastorno.  Esta última parece ser que es lo que sucede, dado que menos de la mitad de estos pacientes coincidieron con el criterio del DSM para ser diagnosticados con el trastorno de personalidad limítrofe.

Uno de los principales investigadores del Trastorno de Personalidad Limítrofe, Marsha Linehan, sí cree que es un diagnóstico válido, pero en un artículo escrito en 1995, observa: “No deberá hacerse ningún diagnóstico a menos que se apliquen estrictamente los criterios del DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales). . . . el diagnóstico de un trastorno de personalidad requiere entender el modelo del funcionamiento a largo plazo de una persona”. (Linehan, et al. 1995, énfasis añadido.) Que esto no suceda es evidente en el creciente número de adolescentes diagnosticados como limítrofes. Considerando que el DSM-IV se refiere a trastornos de personalidad como modelos de comportamiento existentes desde hace mucho tiempo, que por lo general comienzan a principios de la vida adulta, uno se pregunta cuál es la justificación para aplicarle a un chico de 14 años una etiqueta psiquiátrica negativa con la cual se quedará toda su vida. La lectura del trabajo de Linehan ha ocasionado que algunos terapeutas se pregunten si quizás la etiqueta “BPD” (Trastorno de personalidad limítrofe, por sus siglas en inglés) sea demasiado estigmatizada y se haya abusado demasiado de ella, y si fuera mejor llamarle lo que realmente es: un trastorno de regulación emocional”.

Si un médico diagnostica BPD en la primera cita, habría que buscar una segunda opinión.  En casos de adolescentes se requiere un un seguimiento de al menos 4 años para poder diagnosticar BPD.

Wakefield y Underwager (1994) señalan que los profesionales de la salud mental no se equivocan menos ni son menos propensos que los demás a los atajos cognoscitivos que todos tomamos.

Cuando muchos psicoterapeutas llegan a una conclusión sobre una persona, no sólo no hacen caso de nada que cuestione o contradiga sus conclusiones, sino que fabrican y evocan activamente declaraciones falsas u observaciones erróneas para apoyar su conclusión [nótese que este proceso puede ser inconsciente] (Arkes y Harkness 1980). Cuando un paciente les da información, los terapeutas le prestan atención sólo a lo que apoya la conclusión a la que ya han llegado (Strohmer et al. 1990). . . . El hecho aterrador sobre las conclusiones alcanzadas por los terapeutas con respecto a los pacientes es que las hacen dentro de los 30 segundos a dos o tres minutos del primer contacto (Ganton y Dickinson 1969; Meehl 1959; Weber et al. 1993). Una vez hecha la conclusión, los profesionales de la salud mental son a menudo impermeables a cualquier nueva información y persisten en la etiqueta asignada muy al principio del proceso con base en una información mínima, por lo general una sola señal idiosincrásica (Rosenhan 1973)

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Trastornos del Estado de Animo

La autolesión se ve en pacientes que sufren de enfermedad depresiva considerable y trastorno bipolar. No está muy claro por qué esto es así, aunque los tres problemas han sido vinculados a deficiencias en la cantidad de serotonina disponible en el cerebro. Es importante separar la conducta de autolesión del estado de ánimo; las personas que se autolesionan con frecuencia llegan a aprender que éste es un modo rápido y fácil de mitigar una gran tensión física o psicológica, y es posible que el comportamiento continúe después de que la depresión se haya resuelto. Deberá tenerse cuidado de enseñar a los pacientes modos alternativos de enfrentar los sentimientos angustiantes y de sobreexcitación.

Ambos trastornos, de depresión mayor y bipolar, son enfermedades muy complejas.

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Trastorno de la Conducta Alimentaria

La autolesión (automutilación) a menudo se ve en mujeres y muchachas con anorexia (una enfermedad en la cual la persona tiene la obsesión de bajar de peso, hacer dietas, o ayuno, y ven una imagen deformada de su cuerpo – en la que ella o él ven “gordo” su esquelético cuerpo) o bulimia (un trastorno alimentario marcado por indulgencias de grandes cantidades de alimentos seguidas de purgas, durante las cuales la persona intenta sacarse el alimento del cuerpo mediante vómitos forzados, abuso de laxantes, ejercicio excesivo, etc.)

Existen muchas teorías en cuanto a por qué la autolesión (automutilación) y los trastornos alimentarios coinciden con tanta frecuencia. Favazza (1996) cita a Cross diciendo que las dos clases de comportamiento son intentos de poseer el cuerpo, de percibirlo como el yo (no otro) conocido (no inexplorado ni impredecible), e impenetrable (no invadido ni controlado desde el exterior. . . . ).  La destrucción metafórica entre el cuerpo y el yo se colapsa [es decir, ya no es metafórica]: la delgadez es la autosuficiencia, el sangrado la catarsis emocional, la indulgencia es el aplacamiento de la soledad, y la purga es la purificación moral del yo. (p.51)

El mismo Favazza favorece la teoría de que los chiquillos se identifican con el alimento, y así, durante las tempranas etapas de la vida, la comida podría ser vista como una consumación de algo que es el yo y eso hace que la idea de la mutilación sea más fácil de aceptar. También hace notar que los niños pueden enfadar a sus padres rechazando la comida; esto podría ser un prototipo de mutilación que hacen para desquitarse de los adultos abusivos. Además, los niños pueden complacer a sus padres comiendo lo que les dan, y en esto Favazza ve el prototipo de la auto-lesión como manipulación.

Él observa, sin embargo, que la autolesión (automutilación) provoca una rápida liberación de la tensión, ansiedad, pensamientos a gran velocidad, etc. Esto podría ser una motivación para que la persona con trastornos en el comer se haga daño — la vergüenza o la frustración por el comportamiento en el comer conduce a tensión y excitación crecientes y la persona se corta o quema o golpea para obtener un alivio rápido de estos sentimientos incómodos. También, por haber hablado con varias personas que tienen tanto el trastorno alimentario como el de autolesión, pienso que es muy posible que la auto-lesión les ofrezca a algunos una alternativa para el trastorno alimentario. En lugar de ayunar o purgarse, se cortan.

No ha habido muchos estudios de laboratorio que investiguen a fondo el eslabón entre los trastornos de autolesión y alimentario, de modo que todo lo anterior es especulación y conjetura.

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Trastorno Obsesivo – Compulsivo

Muchos consideran que la autolesión (auotmutilación) está entre aquellos diagnosticados con Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), y se limita a un arrancamiento obsesivo del pelo (conocido como tricotilomanía y por lo general implica las cejas, pestañas, y otros vellos del cuerpo además del pelo de la cabeza) y/o pinchazos, rasguños y/o escoriaciones obsesivas de la piel.  En el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, cuarta edición), sin embargo, la tricotilomanía está clasificada como un trastorno de control de los impulsos, y el TOC como un trastorno de ansiedad. A menos que la autolesión forme parte de un ritual obsesivo diseñado para rechazar alguna cosa mala que por otra parte sucedería, no debería ser considerada un síntoma de TOC. El diagnóstico del TOC en el DSM-IV requiere:

  1. La presencia de obsesiones (pensamientos recurrentes y persistentes que no son simples preocupaciones sobre asuntos diarios) y/o compulsiones (comportamientos reiterativos que una persona siente de realizar (contar, comprobar, lavar, ordenar, etc.) a fin de prevenir la ansiedad o el desastre);
  2. Reconocimiento en un momento dado de que las obsesiones o compulsiones son irrazonables;
  3. Demasiado tiempo consumido en obsesiones o compulsiones, reducción de la calidad de vida debido a los mismos, o angustia marcada debido a la misma razón;
  4. El contenido de los comportamientos/pensamientos no se confina a aquello asociado con ningún otro trastorno Eje I actualmente presente;
  5. Comportamiento/pensamientos que no sean resultado directo de medicamentos u otro uso de fármacos.

El consenso actual parece ser que el TOC se debe a un desequilibrio de la serotonina en el cerebro; los fármacos inhibidores selectivos de la recapturación de serotonina (SSRIs, por sus siglas en inglés) son la opción para este trastorno. Un estudio realizado en 1995 de autolesiones entre pacientes femeninos con OCD (Yaryura-Tobias et al.) mostró que la clomipramina (un antidepresivo tricíclico conocido como Anafranil) redujo la frecuencia tanto de comportamientos obsesivos como conductas auto-lesivas. Es posible que esta reducción ocurriera simplemente porque la auto-lesión era un comportamiento obsesivo con raíces diferentes a la auto-lesión en pacientes sin TOC, pero los sujetos de estudio tenían mucho en común con ellos — el 70 por ciento que había sido sexualmente abusado cuando niños, mostraron la presencia de trastornos alimentarios, etc. El estudio sugiere enfáticamente, de nuevo, que el trastorno auto-lesivo y el sistema serotonérgico están relacionados de alguna manera.

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Trastorno por Estrés Postraumático

El Trastorno de estrés postraumático se refiere a una colección de síntomas que pueden presentarse como respuesta retardada a un trauma serio (o serie de traumas). Más información sobre el concepto está disponible en la sección de Qué es un trauma. Ésta no pretende ser exhaustiva, sino solamente dar una idea de lo que es el trauma y de lo que trata el Trastorno de estrés postraumático. Herman (1992) sugiere una extensión del diagnóstico TEP para aquellos que han estado continuamente traumados durante un período de meses o años.

Con base en modelos de historial y sintomatología de sus pacientes, la doctora creó el concepto del Trastorno  complejo de estrés postraumático.  Este trastorno incluye la conducta de autolesión (automutilación) como síntoma de la regulación desordenada del afecto que a menudo tienen los pacientes gravemente traumatizados (de manera bastante interesante, una de las razones principales de las personas que se hacen daño a sí mismas es para controlar las emociones aparentemente incontrolables y aterradoras). Este diagnóstico, a diferencia del trastorno de personalidad limítrofe, se centra en por qué los pacientes que se auto-dañan lo hacen, refiriéndose a eventos concretos traumáticos en el pasado del paciente. Cauwels (1992) llama al Trastorno de estrés postraumático “el primo idéntico del trastorno de personalidad limítrofe”.

Aunque el Trastorno  complejo de estrés postraumático no sea un diagnóstico que “encaje para todos” en los autolesionadores más de lo que es el de personalidad limítrofe, la autolesión (automutilación) ayuda a aquellos que tienen una historia de traumas repetidos graves a entender por qué tienen tantos problemas para regular y expresar las emociones.

Herman parece favorecer el punto de vista en el cual el Trastorno de estrés postraumático ha sido fragmentado en tres diagnósticos separados:

Área de la disfunción más prominente Diagnóstico dado
Somático/fisioneurótico (Desregulación corporal – problemas para regular o entender los mensajes del cuerpo y/o la expresión de angustia emocional en síntomas físicos) Trastorno de conversión
(antiguamente neurosis histérica)
Deformación de la conciencia (anomalía en la capacidad de percibirse como una entidad sola con una historia ininterrumpida o de integrar el cuerpo y la conciencia) Trastorno de identidad disociativa/Trastorno de personalidad múltiple
Desregulación de la identidad, emociones, y relaciones Trastorno de personalidad limítrofe



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Trastornos Disociativos

Los trastornos disociativos implican problemas de conciencia – amnesia, conciencia fragmentada (como se ve el Trastorno de identidad disociativa), y deformación o modificación de la conciencia (como en el Trastorno de despersonalización o Trastorno disociativo No especificado de otra forma).

La disociación se refiere a una especie de apagar la conciencia. Incluso las personas psicológicamente normales lo hacen todo el tiempo – un ejemplo clásico es la persona que conduce su auto hacia un destino y llega sin recordar en absoluto el viaje. Fauman (1994) lo define como “la separación de un grupo de procesos mentales de la conciencia consciente”. En los trastornos disociativos, esta separación se vuelve extrema y a menudo fuera del control del paciente.

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Trastorno de Despersonalización

La despersonalización es una variedad de disociación en la cual de repente se siente uno separado del propio cuerpo, a veces como si se observaran los acontecimientos desde fuera de uno mismo. Puede ser un sentimiento aterrador, y puede ir acompañado por una disminución de la admisión sensorial – los sonidos pueden ser amortiguados, las cosas pueden parecer extrañas, etc. Se siente como si el cuerpo no fuera parte del yo, aunque la experimentación de la realidad permanezca intacta. Unos describen la despersonalización como un sentimiento irreal o mecánico.

Un diagnóstico del trastorno de despersonalización se hace cuando el paciente sufre de episodios frecuentes y severos de despersonalización. Algunas personas reaccionan a los episodios de despersonalización infligiéndose daño físico a sí mismas en un intento de frenar los sentimientos irreales, esperando que el dolor las devuelva a la conciencia. Este es una razón común para autolesionarse, en el caso de gente que se despersonaliza de manera frecuente.

Por otro lado, se ha visto que la gente que se autolesiona, en el momento de cortarse o quemarse, se discocian para poder hacerlo.  Esto no tiene que ver con el trastorno de despersonalización.


DDNOS (Trastornos disociativos no especificados de otra forma)

El DDNOS es un diagnóstico que se da a las personas que presentan algunos síntomas de otros trastornos disociativos, pero no cumplen con los criterios de diagnóstico para cualquiera de ellos. Una persona que sentía que tenía personalidades alternas, pero en quien dichas personalidades no estaban totalmente desarrolladas o eran autónomas o que era siempre la personalidad en control, podría ser diagnosticada con DDNOS, como podría serlo alguien que sufriera de episodios de despersonalización, pero no con la duración y severidad que se requiere para el diagnóstico. También puede ser un diagnóstico que se da a alguien que se disocia con frecuencia sin sentirse irreal o que tenga personalidades alternas. Es básicamente un modo de decir que “Tienes un problema con la disociación que afecta tu vida negativamente, pero no tenemos un nombre para exactamente la clase de disociación que tienes”. Y de nuevo, las personas que tienen DDNOS a menudo se auto- lesionan en un intento de causarse dolor y terminar así con el episodio disociativo.


Trastornos de Identidad Disociativa (DID)

Con el DID, una persona tiene cuando menos dos personalidades que se alternan tomando el control total consciente del comportamiento, habla, etc. El DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) especifica que las dos (o más) personalidades deben tener formas claramente diferentes y relativamente duraderas de percibir, pensar de, y relacionarse con el mundo exterior y el yo, y que al menos dos de estas personalidades deben alternar el control de las acciones del paciente.

El DID es algo polémico, y algunas personas alegan que está sobrediagnosticado. Los terapeutas deben ser sumamente cuidadosos al diagnosticar el DID, sondeando sin sugerir y teniendo cuidado de no confundir las facetas de la personalidad subdesarrollada por personalidades separadas totalmente desarrolladas. Asimismo, algunas personas que sienten como si tuvieran “pedazos” de ellas que a veces se hacen cargo, pero siempre mientras están conscientemente conscientes y capaces de afectar sus propias acciones pueden correr el riesgo de ser mal diagnosticadas con DID si también se disocian.

Cuando alguien tiene DID, puede autolesionarse por cualquiera de los motivos que otros lo hacen. Pueden tener un alter enojado que intenta castigar al grupo dañándose el cuerpo o que elige auto-lesionarse como un modo de expresar su ira.

Es sumamente importante que los diagnósticos de DID sean hechos sólo por profesionales calificados después de larguísimas entrevistas y exámenes.

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Trastornos de Ansiedad y/o pánico

El DSM agrupa muchos trastornos bajo el encabezado “Trastornos de ansiedad”. Los síntomas y diagnósticos de éstos varían enormemente, y a veces las personas que los tienen usan las autolesiones como un mecanismo autocalmante de adaptación. Han encontrado que les da un alivio rápido temporal de la increíble tensión y excitación que acumulan cuando se ponen progresivamente más y más preocupados.

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Trastorno del control de los impulsos no especificados de otra forma

Incluyo este diagnóstico simplemente porque se está volviendo el diagnóstico preferido para los pacientes que se autolesionan entre algunos clínicos. Tiene sentido cuando consideras que los criterios de definición de cualquier trastorno del control de los impulsos son (APA, 1995):

  • No resistir un impulso, obsesión, o tentación de realizar algún acto dañino a la persona o a otros. Puede o puede no haber resistencia consciente al impulso. El acto puede o puede no ser planeado.
  • Una creciente sensación de tensión o excitatión [fisiológica o psicológica] antes de cometer el acto.
  • Una experiencia de placer, satisfacción, o liberación en el momento de la comisión del acto. El acto . . . es consecuente con el deseo inmediato consciente del individuo. Inmediatamente después del acto puede o no puede haber pena, autorreproche, o culpa genuinos.

Esto describe el ciclo de autolesiones de muchas de las personas que se hacen daño.

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Autolesión como diagnóstico en sí misma

Favazza y Rosenthal (1993) aconsejan definir la condcuta de autolesión (automutilación) como una enfermedad y no simplemente como un síntoma.

Ellos crearon una categoría diagnóstica llamada Síndrome de autolesión reiterativa, con criterios pasa su diagnóstico. Éste sería un síndrome de control de los impulsos Eje I (similar al DOC), y no un trastorno de personalidad Eje II. Considerando que a menudo ocurre sin presentarse alguna enfermedad aparente y a veces persiste después de que otros síntomas de un trastorno psicológico particular haya disminuído, tiene sentido reconocer finalmente que la condcuta de autolesión es un trastorno por derecho propio. Alderman (1997) también aboga porque se reconozca que la violencia auto-infligida es más una enfermedad que un síntoma.

Miller (1994) sugiere que muchos de los que se autolesionan sufren de lo que ella llama el Síndrome de Reactuar el Trauma.  Miller propone que las mujeres que han sido traumatizadas sufren una especie de división interna de la conciencia; cuando entran en un episodio de autolesionarse, sus mentes conscientes y subconscientes toman tres papeles: el abusador (el que hace el daño), la víctima, y el espectador que no protege. Favazza, Alderman, Herman (1992) y Miller sugieren que, al contrario de la opinión terapéutica popular, hay esperanza para aquellos que se autolesionan. Ya sea que el trastorno autolesivo se presente junto con otro trastorno o solo, hay modos efectivos de tratar a aquellos que se dañan a sí mismos y de ayudarlos a encontrar formas más productivas de enfrentarse a ello.

Los criterios de diagnóstico para el Síndrome de autolesión reiterativa incluyen:

  • Preocupación por dañarse físicamente a sí mismo
  • Repetidos fracasos de resistirse a los impulsos de destruir o alterar el tejido del propio cuerpo
  • Tensión creciente justo antes, y sensación de alivio después de auto-lesionarse
  • Ninguna asociación entre la intención suicida y el acto de auto-lesionarse
  • No es una respuesta al retraso mental, desilusión, alucinación

Síndrome de reactuación del trauma

Como se describe en Women Who Hurt Themselves (Mujeres que se lastiman a sí mismas), las víctimas del Síndrome de reactuar del trauma tienen cuatro características comunes:

  1. Una sensación de estar en guerra con sus cuerpos (“mi cuerpo, mi enemigo”)
  2. 2. Secreto excesivo como principio guía de su vida
  3. Inhabilidad de autoprotección (a menudo vista en una clase específica de fragmentación del yo)
  4. Relaciones dominadas por una lucha por el control.

(Criterios tomados de Women Who Hurt Themselves: A Book of Hope and Understanding, c1994 por Dusty Miller, publicado por Basic Books.)

En la actualidad

Se ha propuesto dicho diagnóstico para su posterior inclusión en el DSM-V. En 2011 se continua su revison bajo el término Non-Suicidal SelfInjury (NSSI).


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Ultima actualizacion: 9 mayo, 2011 a las 18:33